Sobre los colores
“—Ella se despierta en una cama maravillosa, toda de raso claro, me imagino que sería entre rosa viejo y verdoso, capitoné, con sábanas de satén. Qué lástima da que algunas películas no sean en colores, ¿verdad?, y cortinas de tul a los lados del dosel, ¿me entendés? (…)”
Dice Molina en el diálogo eterno que tiene con Valentín en la celda en “El beso de la mujer araña” de Puig y yo pienso: cuando hacían el arte de las películas de antaño, donde la representación del mundo era en blanco y negro, seguro era más barato hacer el arte y el vestuario en distintos tonos de grises que comprar telas de colores. El código de pensamiento en blanco y negro seguro era un talento adquirido: “tal gris seguro dé la sensación de tal verde” deberían pensar les directores de arte. Qué locura la vida en blanco y negro, quiero decir, ver películas cuyo mundo era en escala de grises. Me pregunto si los espectadores en su cerebro traspolaban esa monotonía de colores a colores reales en su mente o simplemente ese proceso no sucedía y estaban más concentrados en la historia que se contaba. Pero ¡qué importante ver la vida a color! ¿Qué haríamos sin ellos? Me pregunto si todos vemos los mismos colores o cada uno tiene su propia percepción del color. Esa idea me fascina, que todos seamos individuos daltónicos, por así decirlo (aunque pensándolo bien,si todos somos daltónicos, nadie es daltónico). Me refiero a que cada persona vea sus colores, que mi violeta no sea tu violeta.
Si lo visible es solo el espectro electromagnético para el ojo humano me intriga pensar en todo lo que no vemos. En este sentido tengo más ansias de que la física cuántica evolucione de que lo haga la tecnología. Tengo el anhelo de que el ser humano adquiera los dones con los que nació y luego acalló antes que los robots adquieran inteligencia artificial por completo. La verdadera evolución está en reconquistar nuestros poderes así como la película pudo un día plasmar los colores a través de la luz en una pantalla.

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